Pues aquí comienza la segunda y última parte de nuestro
viaje. Esta ciudad de la que tanto hemos visto y hablado… lujo, fiestas,
excesos, derroche, excesos, glamour,
excesos... ¿he dicho excesos?
La primera vista fue aérea y nos sorprendió la extensión de
casas fuera del núcleo central de casinos. Dicen que Las Vegas es un grano en
medio del desierto... pero madre mía, ¡¡¡que grano!!! No esperábamos semejante
amasijo de población.
Como el traslado al hotel fue de día, pudimos ver la
realidad que después por la noche maquillan las luces. Un par de
super-mega-hiper-archi avenidas en torno a las cuales se aglutinan moles
gigantescas, a cuál más ostentosa y, hay que decirlo, hortera.
La verdad es que nunca habíamos visto algo así. Todo es colosal, un "tú grande...pues yo más". El Mandalay, el Luxor, el Excalibur, el París, conforme avanzábamos la boca se nos abría cada vez más. Todo grande y centelleante, venga luces, venga oro y más oro y más luces… Debe de ser la única ciudad del mundo donde los albinos ven peor de noche que de día…
Y claro, ya metidos en el papel, nosotros no podíamos ser
menos, así que nos alojamos en el "hotel más chic de Las Vegas",
según calificación del diario El País. Además en su segunda planta el cocinero
José Andrés tiene el restaurante Jaleo. Oséase: ¡¡¡la caña!!! Nos referimos al hotel The Cosmopolitan
Te cuento un poco, aunque no es fácil. Los hoteles son como pequeñas ciudades. Los casinos están integrados dentro de estos complejos, tienen su propia zona: ruletas, máquinas tragaperras (¡muchas maquinas tragaperras! Con ese característico y horrendo sonido) mesas de black jack, etc... Aunque hacer fotos está totalmente prohibido, como reporteras intrépidas que somos y jugándonos el tipo, conseguimos este robado.
Pero la verdad es que no hay mucho
que ver, eso sí, da igual la hora a la que pases que siempre hay gente jugando,
de todas las edades, razas, colores y clases sociales, como para sacar un
perfil fisonómico…¡¡ni en 20 años lo consigues!!

Aquí la SGAE se
ponía las botas con tanto copia y pega…
Si buscas arquitecto, por favor, que no sea de Las Vegas, o tendrás por casa una
réplica del palacio de Versalles o el mismo Taj Mahal. En fin, todo son reproducciones tal cual. Un
lago donde el agua baila al son de la música y también luchas de piratas contra
sirenas en barcos disparando cañones en medio del agua...aquello es
Disneylandia para adultos.
¿Qué hemos hecho en Las Vegas? Pues cuando llegamos dimos un
paseíto en bus para ver una vista general de todo eso que os cuento y nos
llevaron fuera del strip, a la parte antigua de casinos, al legendario Golden
Nugget, en la calle Fremont. Todo el techo de la calle (unos 450 metros) está
cubierto por una pantalla de LEDs, que es la más grande del mundo, en la cual se proyecta un espectáculo de luz
y música impresionante. .
La calle a rebosar y todos bailando y mirando al techo...es
la "Fremont street experience".
Al día siguiente rezamos todo lo que sabíamos para coger la
avioneta que nos llevaba al Gran Cañón. Dos niñatos
pilotos imberbes, que dudo que tuvieran edad suficiente para beber alcohol,
fueron los encargados de sobrevolar con 8 pasajeros el Cañón y mostrarnos ese
maravilloso paisaje. Me acordé del notario (yo aún sin testamento), de que no
había elegido epitafio para mi trocito de mármol, de que dejé los platos sin
fregar antes de irme… pero mereció la pena, ¡espectacular!
Ya en tierra firme pudimos comprobar esa belleza de la naturaleza
desde el borde mismo, allí no hay ningún tipo de protección ni valla. Vamos, que
si te quieres tirar, te tiras y uno menos.
Una cosilla. Si tienes pensada esa visita, llévate un
bocadillito o algo. La explotación del cañón esta cedida a los indios y la
comida es vomitiva (desde que se quedaron sin búfalos…), ni los mejores
estómagos pudieron comerla entera.


Menos mal que la noche fue memorable, nos vestimos con nuestras mejores galas para trasladarnos al club más exclusivo de la ciudad, al que pertenece todo el que tiene un nombre (y una buena cuenta corriente) en Las Vegas: The Stirling Club.


Por lo demás, qué contaros, deliciosa cena, baile, copas...
Ultimo día de viaje. ¿Adivinas a qué lo dedicamos?. A
nuestro deporte favorito: Shopping.
Un consejo. Si vas a Las Vegas (aunque creo que vale para
cualquier parte de Estados Unidos donde tengan outlet) vete con la maleta lo
mas vacía posible y la cartera llena. No es el concepto de outlet que conocemos
en España. Para comprar allí necesitas un plano del mega centro comercial,
imprescindible para llevar a cabo el estudio y detalle pormenorizado de la ruta
y compras a realizar, (vamos, que ni planificar un robo). Y puede que así no te
pase como a nosotras, ¡un caos!, poco tiempo, poco margen en la maleta y pocas
fuerzas... ¡Yo creo que más de una perdió peso de la ansiedad de ver y no poder
comprar!
Conclusión:
Las Vegas es una ciudad impresionante, no vamos a decir que
no. Pero somos europeos y no necesitamos que nos hagan la torre Eiffel a escala,
ni nos metan Venecia debajo de un techo de cartón piedra iluminado. Nos gustan
las antigüedades y no dinamitamos las cosas cuando están viejas y las volvemos
a hacer. Tampoco tenemos esa doble moral (todavía) por la que necesitamos un
lugar donde podamos desmadramos de tal manera que "lo que pase en Las
Vegas se quede en Las Vegas". Así que, si no eres jugador, crupier,
bailarina de stipties o director de casino....una ciudad para verla y no
volver.